Por menos sonetos sobre su delicadeza que enamora y más sobre su tenacidad que intimida.
Por menos poemas sobre su feminidad y más sobre su fuerza obstinada.
Por menos versos sobre la dulzura de su voz y más sobre la importancia de sus palabras.
Por menos metáforas sobre ojos hechiceros y más sobre sus comentarios incisivos.
Por menos rimas sobre la turgencia de sus pechos y más sobre su extraordinario sentido del humor.
Por menos lírica sobre el deseo que despierta y más sobre lo inventivo de su ingenio.
Por menos odas sobre su boca tentadora y más sobre su envidiable resiliencia.
Por menos estrofas sobre la tersidad de su piel y más sobre los callos de sus manos.
Por menos loas a su silueta incitante y más sobre su creatividad codiciable.
Por menos hipérbole sobre su vientre fértil y más sobre su lucha.
Por menos reflexión sobre su enigma y más introspección al trato otorgado.
Por menos palabras que la adornen y más que la reconozcan.